Imagen de Игорь Левченко en Pixabay
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A pesar de lo que muchos piensan, la transexualidad no se escoge. Nadie en su sano juicio decidiría enfrentar pruebas tan duras, así nomás “por deporte”.

El otro día fui discriminada por otra empresa más a la hora de pedirles chamba. Encontrar trabajo es lo suficientemente difícil, pero si encima le sumamos la dificultad que tenemos como gente trans, es como para desanimar. Me sentí como si hubiera hecho un gran esfuerzo para llegar a las olimpiadas, estuviera a punto de correr los cien metros, y de repente me diera cuenta, que llevaba un costal de piedras amarrado a la cintura, mientras que los demás correrían ligeros.

Ya que a este nivel humano no encontraremos la razón por qué nos tocó ser trans, la explicación a nivel del alma dice que antes de venir, acordamos nuestras condiciones de vida y las pruebas a enfrentar. Esto nos servirá como medio para aprender las lecciones que nos hacen falta para nuestra evolución. Ya sea que creas en eso o no, la verdad que la adversidad sí trae lecciones muy grandes. Tenemos dos opciones: mentar madres, o mentar madres extrayendo la jugosa lección volviéndonos más sabios y fuertes. A mí me ha ayudado mucho el ver esta adversidad como prueba, recuerden lo que dijo Viktor Frankl, es importantísimo darle un sentido a la adversidad para salir adelante; él lo pudo hacer con el hecho de estar en un campo de concentración, ¿qué tal eso como adversidad?

Como en el gimnasio, mientras más grande sea tu carga, más fuerte te vas volviendo. Y ya sé, entiendo perfecto, ser trans te lleva al límite en varias ocasiones. Yo ya no sé cuantas veces me he roto en pedacitos, creyendo que ahora sí pasé el límite de lo que puedo aguantar. No te digo esto para que te desanimes, al contrario, siempre soy muy sincera porque quiero ayudarte. Primero, no quiero que nadie subestime lo dura que se pone una transición y se lleve una sorpresa; mentirte no ayudaría. Pero también quiero darte elementos que te sirvan para tu lucha, herramientas útiles de las que te puedas valer para sobrevivir y para brillar.

Darle sentido a tu experiencia es importantísimo, e igual de importante es entender que la transición, o ser trans, no es un fin en sí mismo. Es un esfuerzo extra, necesario para ayudar a fluir tu verdadero ser. Adaptarás tu imagen externa, transitarás por los géneros, experimentarás los efectos de otra hormona diferente a la que traías de fábrica. Vivirás diferentes dinámicas sociales, te tocará sentir tu verdadero y atractivo yo. Todo eso es una experiencia única a la que puedes extraerle mucho entendimiento, pero hay más.

Hace años, en una ceremonia hermosa en que vamos honrando todos los arquetipos, llegó el momento de hablar de las energías femeninas y masculinas. Yo pedí permiso al fuego y tomé la palabra, contando mi experiencia y la suerte de haber podido vivir en los dos géneros. Muy pocas personas pueden hacerlo. El curandero me dio la bienvenida, diciendo que el diseño de esa ceremonia abarca a toda la diversidad. Me sentí muy agradecida, pero cuando íbamos a pasar a otra etapa de la ceremonia dijo: al final, el género se trasciende. Eso quiere decir, que si bien todos tenemos las dos energías en diferente proporción, al final soltaremos nuestro género terrenal para ir hacia la unidad donde no hay diferencia.

Yo pensé: tanto esfuerzo de sacar una transición adelante ¿para después trascenderlo y dejarlo atrás? ¡No sonaba justo! Pero siendo sincera, entendí que esto es una condición pasajera, así como lo son tus bienes materiales, tu cuerpo, tu trabajo, etc. ¿Qué queda? Lo aprendido, el crecimiento de tu alma. Por supuesto puedes disfrutar de todo lo logrado y te lo mereces. Pero no cometas el peligroso error de pensar que la transición es llegar a la meta o que es un fin en sí misma, porque tendrías un doloroso despertar y ya de dolor estuvo bueno…