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A veces, los comienzos son suaves, controlados, y de hecho les recomiendo mucho que así sea. Queremos correr y llegará el momento de hacerlo, pero conviene empezar con pasos chiquitos, escoger bien los momentos y lugares que juzguemos seguros, para que nuestro hermoso ser vaya saliendo al mundo. También nos podemos equivocar y los lugares no serán tan seguros, la gente no será siempre amorosa y nos llevaremos muchos reveces. De esto te quiero hablar.

No me podía quejar, me estaba yendo bastante bien y las cosas se estaban acomodando. Continuaban llegando cosas positivas a mi vida, esta vez a manera de aliados. Una en especial fue de esas conexiones “hechas en el cielo”. Caminando por la oficina, oigo a la niña de RH que me grita “Greenham, ven para presentarte a la nueva persona del área comercial”. Al darle la mano, sentí que pasaba por mí una energía inexplicable que me transmitió muchísima información. Básicamente, me di cuenta en ese primer instante, que esa persona sería importantísima en mi vida. En mi mente solo pude decirle en secreto “¿quién eres?”.

Nos volvimos inseparables y me acompañaba a las maravillosas ceremonias, verdaderamente se convirtió en un coach de vida y de transición para mí. Un buen coach es duro, no se anda con rodeos. Sabe reconocer tus cualidades, incluso esas que todavía no tienes claras, y para pulirlas te reta fuerte, te lleva a traspasar tus límites, porque en la zona de confort no hay crecimiento. Una transición es así; tu apariencia física y muchas cosas más van a cambiar. No hay como ocultarlo y hay pasos bastante difíciles de dar, como quitarte el traje y llegar de falda a la oficina. Superar tus límites es en sí un proceso sagrado y mágico si lo aprovechas bien.

Así me pasó en una ceremonia, me llegaron visiones de mi propia muerte, pero vista a través de los ojos de mi familia. No entendía, era horrible ver la desesperación y el dolor de mi familia y mis amigos, cuando se les comunicaba mi muerte. Pensé que en realidad me iba a morir pronto y no habría como evitarlo, pero no se trataba de mi muerte física, sino de lo que aquellos que no me iban a apoyar en mi transición interpretarían. Para ellos, se les murió su niño, y nada me hubiera gustado más que haberles ahorrado ese dolor, aun cuando se lo estaban causando ellos solos. Nadie se murió, solo estaba quitando, con mucho esfuerzo, aquello que era falso. Me estaba purificando, creciendo, y ellos lo veían como que estaba tirando a la basura todo lo que había logrado. Es muy duro que te juzguen así los que más quieres.

En otra ceremonia, trataba de ver hacia mi pasado y no podía, solo veía a esa mujer plena y feliz del futuro. Físicamente me veía 100% mujer y me daba risa nerviosa, porque la escena era en casa de mi abuelita donde toda mi familia me iba a cachar. Todo eso si pasó en el futuro, tal cual. Se me ocurrió preguntar si llegaría hasta la operación mayor, pero las respuestas ahí no son de si o no, es como preguntarle a la esfinge de Tebas y que te conteste con un acertijo; “cuando llegue el momento lo vas a tener muy claro”. ¡Sabia respuesta! La traducción es que en ese momento no estaba lista para tomar esa decisión, y que cuando fuera oportuno no habría duda alguna, y no la hubo. En mi caso fue “si”, y si en tu caso es “no” también lo celebro, aquí las decisiones son personales y tú decides lo que está bien para ti.

Llegaba por fin el cierre de la ceremonia difícil, ese momento hermoso en que ya todo es luz y sientes como si volvieras a respirar tras haber estado varios minutos bajo el agua. El curandero se acercó a nosotras a cantarnos una canción que decía “ella viene bajando hermosa desde una cascada”. En la pared, se proyectaron las sombras de dos mariposas volando, pero por más que las busqué afuera, no había ninguna mariposa, seguía siendo visión, y la mariposa representa el cambio. Se venían cosas difíciles y yo no podía pararlas, solo tratar de transformar esas piedras en el camino en escalones para mi evolución. Esa, es la verdadera magia y viene tu interior…