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Los rituales son bonitos y ayudan a mover las energías en dirección de nuestra evolución. En un ritual con Fuego, escribes lo que quieres que se lleve de tu vida en un papel y se lo ofreces. El Fuego es muy místico y un maravilloso aliado, pero también es contundente, él no sabe de medias tintas, por lo que hay que tener cuidado. Yo pedí, en general, que se llevara TODO lo que ya no tenía que estar en mi vida. No quiero decir que fue un error, porque al final hizo lo que le pedí y todo aquello que era falso fue destruido por él. No perdonó nada que ya no tuviera que estar y fue super doloroso para mí.

Los 4 elementos representan arquetipos y también etapas en la evolución de una persona. Desde los comienzos que son Tierra, donde callas y aprendes, a la vez que enfrentas tus instintos y miedos primigenios, pasando por el Agua del mundo emocional, después el Fuego donde están las pruebas más duras, para por fin llegar al Aire donde te sostienes con tus propias alas. Ahí, por cierto, está representado el verdadero amor, que es incondicional (si es condicionado, no es amor, es otra cosa).

La vida va dando vueltas, a veces todo nos sale bien, y a veces ni con todo lo que hagamos nos salen las cosas. Nos va a tocar ganar y perder, estar arriba y abajo. Si no nos quedamos en la orillita de la playa y decidimos nadar en mar abierto hacia otras tierras más hermosas, vamos a pasar por procesos tremendamente retadores, y todo lo que nos sostiene será sacudido. Mucho de eso que nos sostiene, no va a sobrevivir, especialmente cuando se pasa por una Puerta de Fuego.

“Oye no me des ánimos”, me vas a decir, “¿Dónde está la magia en eso, July?” A eso voy. Primero te voy a decir en dónde no está, ¿recuerdas que a veces para encontrar la verdad, sirve mucho identificar la mentira? Como en tu transición, donde probablemente pasaste de decir “yo no soy esta persona” a dejar salir tu verdadero ser. La magia, no está en que algunos eventos externos te beneficien, ni tampoco es que te falte la magia cuando nada te sale bien. La magia está en entender estos procesos como parte de una purificación de tu ser. Está en dejar ir con amor todo eso que ya no pertenece a tu nivel de conciencia. Está en la sabiduría de identificar lo qué es pasajero a diferencia de lo que es eterno. Está en identificar que puedes estarla pasando mal en la matrix, pero fuera de ella estás aprendiendo y creciendo: ahí nadie te toca.

La verdadera magia está en aprovechar cuando las cosas van bien y en aguantar valientemente cuando son difíciles, con la humildad de buscar la lección que la vida te está ofreciendo. La persona mágica, siempre le tira a lo más alto. Por lo mismo, jamás se permite caer en las bajas energías del odio, aun cuando esté siendo atacada, porque entiende que si cae a ese nivel pierde la magia. La persona mágica es capaz de esforzarse por lo que cree, aún cuando todo le sea adverso. Se siente cómoda bailando con el caos, siendo capaz de transformar una situación negativa en una positiva. Entiende que controla poco o nada, y da saltos cuánticos cuando suelta la necesidad de tener el control, entregándose a energías más grandes que ella.

Cuando una persona mágica sufre, sabe que en este plano ese dolor es muy real y no lo minimiza, como tampoco lo hace con el dolor ajeno, por el cual siente mucha compasión. Pero no agrava su sufrimiento permitiendo que su mente se establezca en el pensamiento catastrófico, machacándose millones de veces aquello que le lastima. No es evasión, sino un profundo entendimiento de que donde pones tu atención, hacía allá te dirigirás. Pura estrategia.

El mundo que te rodea será mágico en la medida que tu lo decidas, así que conviene no dejárselo al azar esperando sacarte la lotería. De hecho, ese “vale” ya lo usaste, cuando se te dio la vida…