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Alessandra Rojo de la Vega: “Jamás dejaría que alguien utilice mi cuerpo, como utilizan el poder”

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Alessandra Rojo de la Vega, Diputada de la primera legislatura del Congreso de la Ciudad de México, donde es Coordinadora del Grupo Parlamentario del Partido Verde Ecologista, feminista, mamá, influencer y empresaria, participó por primera vez en TED TALK para hablar sobre la importancia de no callar y seguir luchando.

Alessandra comienza explicando que, “(…) para mí el motivo más grande que primero me hace querer cambiarme y después cambiar mi entorno, se presenta en el momento en el que me doy cuenta que callar para no sentirme víctima, no sólo me hacía daño a mí. El callar una agresión hace que muchísimas mujeres experimenten lo que por poco a mí me aleja de mis sueños. El callarnos, a las mujeres nos trunca caminos, no nos deja crecer profesionalmente y nos hace retroceder”.

La diputada cuenta cómo desde su inserción laboral se dio que cuenta que sus capacidades no eran valoradas por ser mujer, por su juventud y por su físico. Pues inclusive por ser bonita se dudaba de sus capacidades e inteligencia y era catalogada como una “muñequita de aparador” en el “mundo de los hombres y el poder”, como lo llama ella.

Rojo de la Vega declaró que, desde los primeros días, a sus 23 años, recibió insinuaciones y comentarios sexuales que la incomodaban. Pero salir corriendo jamás fue una opción para ella, por lo que decidió aguantarse y seguir. Sin embargo, con el paso de los años, el acoso seguía aumentando.

“(…) Se sentían con derecho, porque al final, no iba a pasarles nada. Se protegen entre ellos, se protegen con su poder. Hasta que, en una ocasión, después de una campaña exitosa, me citaron en las oficinas presidenciales; salté de gusto porque había sido tomada en cuenta, ¿se imaginan esa emoción? (…) El hombre me recibió con una sonrisa que tampoco voy a olvidar, me dijo que ésta era una gran oportunidad para mí, me enseñó sus oficinas, me llevó hacía una puerta y detrás de esta puerta: una cama; me vio a los ojos y me dijo: -sólo esto tienes que pagar-. Por fin lo lograron, me rompieron. Estando ahí sentí muchísimo miedo”, relató Alessandra.

Ella relata que al salir sintió enojo, frustración, impotencia y asco. Sin embargo, ella pensaba que al hablar o denunciar, la única que saldría perdiendo sería ella.  Así que prefirió su seguridad, antes que su desarrollo, pero se dio cuenta que fue ella la que salió perdiendo.

Hoy en día, Alessandra no se arrepiente y ve esa experiencia con dos sensaciones, una positiva en la que se encuentra la satisfacción de haberlo intentado y el orgullo de haber valorado su esencia y no cambiar su dignidad por nada y explica que: “Cuando hablo de dignidad, no lo hago como una limitante de mi sexualidad. Yo hago con mi cuerpo lo que mis deseos e instintos me manden, pero jamás dejaría que alguien utilice mi cuerpo, como utilizan el poder”.

Por otra parte, en la sensación negativa, cuenta que le frustra lo ignorante y cobarde que fue al quedarse callada y no haber encontrado la fuerza para denunciar porque sentirse vulnerable o ser víctima, era un golpe muy dura de realidad. Además, la repuesta que recibió al contar su experiencia a unos pocos fue un irónico: “Y tú, ¿qué esperabas? Si así es él, así son ellos, todos, dentro de la política y fuera. Aquí hay que aguantar porque no hay de otra”.

Estas reacciones la llevaron a pensar que tal vez podía vivir con eso y que quizá estaba exagerando, inclusive cuenta que llegó a justificar diciendo que al menos, no la había tocado. Sin embargo, hoy se da cuenta de ese pensamiento erróneo y es capaz de entender la situación, por eso se dedica todos los días a transmitir que:

“(…) la violencia a la que nos enfrentamos las mujeres a lo largo de nuestra vida nos va marcando por generaciones y que el silencio que guardamos sobre ello nos ha hecho muchísimo daño, al grado que 11 mujeres son asesinadas todos los días en este país a causa de la violencia de género. En el mundo, la ONU reportó que de las 87,000 mujeres víctimas de homicidio doloso en el 2018, el 58 % fue a manos de alguien en él que confiaban: padres, hermanos, tíos, primos, hijos, parejas… En México 4 de cada 10 mujeres, mayores de 18 años, ha sufrido violencia sexual, la mayoría de ellas en sus casas. Y no entendemos, seguimos con el silencio, pues el 99.7 % de las mujeres que han sufrido violencia sexual no denuncian (…)”.

Alessandra cuenta, también, cómo se ha tachado a las feministas de machorras, lesbianas, violentas, nazis y cómo se ha esparcido la violencia contra todo aquello que se ha considerado diferente, sin considerar que, gracias a estas mujeres diferentes, hoy hay avances que no hubieran sido posibles si no fuera por ellas; pues se cuestionaron su derecho a la igualdad, a la libertad y al desarrollo. Y que, gracias a esta lucha, hoy podemos usar pantalones, estudiar, votar y ser votadas, trabajar, participar y competir en eventos deportivos.

“Ésta no es una lucha contra los hombres, luchamos por la igualdad, luchamos contra la violencia y luchamos por una sociedad justa. Esto me ha dejado el feminismo”, expresa Alessandra.

Finalmente, Alessandra explica que: “La lucha sirve, te transforma, te evoluciona y con esto, claro que cambiamos el mundo”.

Aquí puedes ver el video: