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Por Diego Loyola: Hijas e hijoooos del mundaaaaa, esta vez hablaremos de una realidad que tristemente, al empezar con nuestra transición vivimos, y es que corremos un gran riesgo por el simple hecho de ser trans.

México sigue ocupando el segundo lugar a nivel mundial en tasa de homicidios a personas trans, con más de 56 homicidios. Los factores como el odio, violencia, discriminación y la criminalización hacia la población trans coloca que el país se encuentra en este lugar. El primer lugar lo ocupa Brasil con 171 crímenes, y Colombia está por posicionarse en uno de los primeros países igualmente en transfemicidios.

El Observatorio de Personas Trans Asesinadas, de la organización internacional Trangender Europa hace saber que se registran más de 325 asesinatos de personas trans en Latinoamérica, del 2018 al presento año.
Es cierto, se ha observado una constante en los asesinatos en México, al igual que en Colombia, Venezuela y otros países mas de Latinoamérica. Las mujeres trans son un de los grupos más afectados de la comunidad LGBTTTIQ, por agresiones físicas motivadas por su condición.

Las muertes de las personas trans están asociadas con daños físico, violación, acoso sexual e incluso amenazas de muerte. En México, cabe mencionar que la violencia verbal es la más generalizada al igual que la psicológica. La mayoría de homicidios son por el simple hecho de la identidad. Por igual las mujeres trans son asesinadas en espacios públicos, a veces, por más de un agresor, las atacan con fuego y armas blancas. Cabe mencionar que las más afectadas a esto son las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual.

Veracruz es el estado más peligroso para ser trans, de 2007 a 2020 van más de 49 mujeres trans asesinadas. Guerrero, con 43 casos, Chihuahua con 35, Baja California y Puebla, con más de 26 cada uno, y la Cuidad de México, con más de 24 casos.

Muchas mujeres trans emigran de su estado de origen hacia las ciudades o capitales de los estados y desgraciadamente no tienen relación estrecha con su familia, por lo que al ser asesinadas no hay alguien que pueda reconocerlas y sus cuerpos se van a la fosa común.

Algo que es real de la mayoría de las veces, los padres son los primeros en rechazar, castigar, discriminar y reprimir a los y las niñas y adolescentes cuando se dan cuenta que son trans.

Desde muy pequeños los y las niñas suelen detectarse a sí mismos como personas trans, pero lo último que hacen es decirles a sus padres, porque se percatan que la sociedad discrimina. Entonces realmente la cadena de violencia continua desde ambientes escolares y laborales, al igual que en lugares públicos donde propician condiciones violentas, que al crecer y desenvolverse en una sociedad son personas que asesinan a las comunidad trans.