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La debacle de La Más Draga

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Imagen de YouTube de LMD

Escribo desde mi exilio twittero, quienes me conocen saben que soy una asidua twittera que puede llegar a ser controversial, a muchos les molesta, pero creo que cuando tienes algo que decir, es un deber hacerlo.

De entre las muchas cosas que me gusta twittear, hay algo a lo que le pongo gran parte de mi atención, humor y tiempo; ese algo es el programa de realidad La Más Draga, show, que toma prácticamente todo el formato que hizo a RuPaul una super estrella global y a las drags queens, la sensación de los medios en la mayor parte del mundo occidentalizado.

La Más Draga, toma los conceptos más generales de RuPaul’s Drag Race, incluso el esquema de cada capítulo es prácticamente el mismo, sin embargo, La Más Draga nunca ha logrado imitar el espíritu de la emisión original.

En su cuarta temporada, La Más Draga goza del punto más alto de su fama, hoy marcas internacionales y fundaciones con prestigio pagan para aparecer en cada capítulo y poner su nombre al lado del de sus concursantes, las “feminosas”, y así ganar un espacio en el fascinante mundo drag que cada semana se convierte en Trending Topic en Twitter y que le da a lxs concursantes un reconocimiento muy bien merecido que ganan a pulso. La Más Draga está siendo un éxito, pero todo esto parece suceder A PESAR de sus productores.

Los productores de La Más Draga parecen ser los protagonistas del programa, algo que jamás habría sido importante en alguna  otra emisión, vaya, sabemos que el productor de RPDR es RuPaul, pero él es también la presentadora; su carrera le da la legitimidad suficiente para ser el productor, el mentor y la host principal, pero en La Más Draga esto funciona muy diferente, al menos por lo que se ve en el programa.

Históricamente, La Más Draga ha optado por el contenido estridente, por la polémica más elemental, que nos hace recordar los programas más básicos de Televisa o TVAzteca, los productores son dos hombres gay cisgénero de los que, en lo personal, no sabía nada hasta hace un año que me volví fan del programa; ellos, que además son pareja o algo así, construyeron junto con sus amigos este experimento que les resultó muy bien. La carencia de recursos económicos los llevó a construir una infraestructura desde cero, igual eran camarógrafos, guionistas, editores e incluso productores musicales; un trabajo admirable, por decir lo menos.

Aunque nunca ha sido mi estilo, entendí que La Más Draga buscaba un lenguaje y una imagen propia que apelaba a separarles de RPDR, cosa que lograron, se fortalecieron temporada tras temporada hasta llegar a ser el fenómeno que es hoy. Todo esto, obvio, gracias al talento de dragas mexicanas, jóvenes de todo el país que con sacrificios financiaban espectaculares looks para dejar boquiabiertos a cualquier espectador.

La Más Draga subió año con año la calidad en cámaras, vestuario, sets y premios, como una especie de progreso y legitimidad; estéticamente dista mucho de la primera temporada y gracias a esa apariencia, el drag en el país ha cambiado para siempre; el programa sí ha mejorado pero solo de manera superficial, porque en espíritu sigue siendo un producto improvisado que genera más problemas de los que resuelve.

Hace unas semanas, junto con mis hermanas drag, Las Narciso, iniciamos un programa en el que revisamos LMD4 semana a semana y comentamos nuestro sentir sobre los temas que se vieron en la emisión más reciente, y debo decir que desde que se estrenó esta última temporada las cosas se han sentido diferentes.

La arrogancia del programa en general es palpable, y esto es un eufemismo para referirme a que los dueños del programa han optado por construir un ambiente de confrontación y de construcción de polémicas que destruye y envenena a la sociedad LGBT.

La semana pasada, en el programa que tengo con Las Narciso dije que tras pensarlo bien iba a dejar de apasionarme por los acontecimientos y polémicas que pudiera generar el programa, pues era solo, un reality show. Sin embargo, después de la emisión de este martes en la que apareció como jurado invitado la famosa cantante anti derechos Yuri, lo pensé bien y no, no es solo un reality show.

La Más Draga, aún sin quererlo o sin realmente idearlo apropiadamente es un programa con ideología que resulta ser político. Pensemos en cómo está el mundo en este momento: la revolución trans-diversa es un tema global, que tres individuos como Las Narciso se pongan medias y tacones para dar críticas a artistas del drag y de diversidad es una conquista social y política de la que disfrutamos gracias a miles de historias que no tuvieron tanta suerte como nosotras.

El martes, como ya lo conté, la producción decidió invitar a Yuri, una cantante que emocionaba a las amigas de mis abuelas, y que tras una ajetreada vida en el espectáculo decidió convertirse en cristiana y pregonar la que ella asegura es la “palabra de Dios”, una palabra que al parecer se centra en el bloqueo de derechos humanos como el matrimonio y la adopción de parejas LGBT+

A Yuri la tenemos “cancelada” por sus palabras y por su obra, activamente ha alimentado discursos de los grupos más sombríos de la sociedad. No ha escatimado en reproducir un discurso de odio que esconde de “opinión personal”, según la antiderechos “cada quien tiene derecho de pensar y creer en lo que mejor le conviene”, y eso para ella significa ir en contra de quienes solo queremos protección de la ley, la misma, la elemental de cualquier otro ser humano.

Los productores se declararon sus fans y la invitaron a su programa a pesar de saber que este, representa a una comunidad históricamente olvidada, menospreciada y violentada sistemáticamente, al final se convirtieron en lo que decían combatir, al final resultaron unos estafadores.

Y como todos los estafadores, los productores tienen a sus rehenes: las dragas, artistas del maquillaje, de la transformación, de la costura, de los escenarios individuos que han construido su propio camino, que lucharon épicamente para alcanzar una meta muy significativa en el mundo tecnológico en el que vivimos.  Es curioso que uno de sus productores se jacta de ser “el Sergio Andrade del Drag”, personaje famoso por ser acusado de secuestrar y explotar laboral y sexualmente a mujeres menores de edad en búsqueda de la fama.

Quién diga que los productores no saben lo que hacen, como yo llegué a pensar, es un enorme desatino, pues parece que cada cosa que dicen, lo hacen con sobrada razón. La Mas Draga “4T”, como se comercializa se ha dedicado a rescatar figuras señaladas por distintos desatinos, abusos, malos comentarios o relaciones peligrosas para hacerles “pinkwashing”, una especie de lavado de pecados para seguir beneficiándose de la LGBT+ a pesar de cualquier hecho cometido.

Saber hacer dinero no es malo, soy una liberal capitalista y aplaudo que hayan encontrado un negocio que explotar, pero si creen que gente como yo los va a dejar hacer lo que quieran, a costa de las personas que salen al mundo exponiéndose ante la sociedad, derribando tabúes y estereotipos arcaicos, no por búsqueda de fama sino por congruencia a su identidad, están muy equivocados porque la impunidad en la que viven se terminó hoy. La Más Draga explota el talento de quienes dice admirar, La Más Draga utiliza el deseo más profundo de las personas que logra engañar para el beneficio privado de sus productores y de sus amigos, su propio Club de Toby gay… o algo así.

La Más Draga no inició ninguna revolución, sus dos productores no han peleado por nada, al contrario, son los mismo de siempre, son la misma gata pero revolcada y serán olvidados tan pronto aparezca algo más brillante o más atractivo.