Imagen: Robert Harding
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Las conductas sexuales entre dos hembras o entre dos machos son una realidad reconocida por la comunidad científica en el reino animal. Sin embargo, no fue siempre así.

Pese a que las primeras observaciones de este tipo de dinámicas han sido documentadas desde los siglos XVIII y XIX, durante varias décadas se trató de un hecho poco estudiado que la ciencia no llegó a atreverse a abordar con rigurosidad.

El motivo principal de la falta de estos estudios era que la homosexualidad animal no encajaba en las premisas a partir de las cuales parecía que se había construido el marco de conocimiento mayoritariamente asentado, pues a primera vista daba la impresión de que contradecía la teoría darwinista. En la cual se apelaba a la necesidad de las especies de reproducirse para perpetuar su existencia y evitar la extinción, así que hacía pensar que las relaciones entre macho y hembra serían las únicas que habrían tenido sentido.

Sin embargo, la homosexualidad en especies como los bonobos, los macacos japoneses, los pingüinos e incluso los escarabajos, resulta una realidad innegable. De hecho, la homosexualidad animal se da en alrededor de más de mil especies distintas.

Los bonobos, por ejemplo, utilizan las relaciones sexuales como una forma de fortalecer los vínculos sociales entre los ejemplares de una misma comunidad, sobre todo entre los machos más jóvenes y los más dominantes.

Mientras que los escarabajos Tribolium o Tenebrio, cuando dos machos tienen sexo entre sí y uno eyacula sobre otro, este último se relacionará posteriormente con alguna hembra a la que tendrá más posibilidades de inseminar gracias a ello.

Por su parte, las hembras de macaco japonés acostumbran a tener relaciones sexuales entre ellas de forma recurrente por el mero hecho de experimentar placer, aunque con ello consiguen motivar a los machos a tener aún más sexo con ellas.

En el reino animal la mayoría de las especies no suele tener conductas relacionales únicamente homosexuales, sino más bien bisexuales. En cualquier caso, aún queda mucho por investigar en esta área para cubrir las carencias de conocimiento científico que dejaron los dos siglos anteriores.

Vincent Savolainen, profesor de Biología Orgánica en el Imperial College de Londres, es uno de los pioneros en este campo de estudio y afirma que: “Sigue siendo una investigación arriesgada e inusual que es difícil de apoyar a través de las vías de financiación tradicionales”.

Sin embargo, el científico se mantiene esperanzado y llama a seguir buscando “organizaciones que crean en esta investigación y que estén dispuestas a asumir el riesgo”.

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Fuente: Muy Interesante