Foto de Caleb Oquendo en Pexels
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La semana pasada, varios medios de comunicación dieron a conocer que una persona había iniciado un proceso judicial contra el artista Christian Chávez por supuestamente haberle transmitido VIH. Mi colega y amigo Ricardo Baruch ya escribió sobre lo absurdo de la naturaleza de la acusación, por lo que me enfocaré a hablar sobre lo preocupante de que los medios de comunicación no logren entender que sus notas, aún cuando parezcan inofensivas, no lo son en absoluto.

Es irrelevante si Christian Chávez vive o no con VIH. Por ello, no vengo a hablar de él, sino de todas las personas que enfrentan algo muy similar todos los días, con las mismas consecuencias (o peores) pero sin la misma visibilidad y, casi siempre, en una absoluta y muy injusta soledad. Vamos por partes.

El intentar perjudicar a una persona con un problema serio de salud pública (no el VIH, el estigma), no sólo es ruin sino profundamente irresponsable. Las notas, desde quien la lanza primero hasta quien las retoma, están plagadas de un lenguaje que estigmatiza y de un mensaje que, en sus formas y en su fondo, perpetua el mismo estigma que, en pleno siglo XXI, es lo que nos cuesta vidas en materia de VIH/Sida.

Ese mensaje, en su forma y en su fondo, es lo que explica por qué la gente no se acerca a las pruebas de detección de manera rutinaria. Es lo que aleja a las personas de los centros de salud para una detección oportuna.

Ese mensaje, en su forma y en su fondo, es lo que explica por qué muchas personas que viven con VIH prefieren no ir a su clínica de atención por “miedo a que les identifiquen” y, con ello, poner en riesgo la adherencia a su tratamiento. O, incluso, no iniciarlo nunca.

Ese mensaje, en su forma y en su fondo, es lo que explica que existan empresas y empleadores que usan el padecimiento como una causal de despido o, incluso, para ni siquiera contratar a personas que viven con el virus.

Ese mensaje, en su forma y en su fondo, es lo que explica por qué las personas que viven con VIH no pueden hablar con sus familiares y amistades sobre su padecimiento y, por lo tanto, lo viven en una soledad injusta y que duele en lo más profundo.

Ese mensaje, en su forma y en su fondo, es lo que explica que el padecimiento sea usado como un arma en contra de quien vive con VIH. Ese mensaje, por lo tanto, perpetua la posibilidad de que un padecimiento, que es como cualquier otro, sea usado para hacer daño, lastimar y poner en riesgo la vida e integridad de las personas. Ya basta.

Ni medios de comunicación, ni las personas tienen la culpa de no conocer sobre diversos temas. Yo, por ejemplo, no sé nada de física cuántica. Sin embargo, si quisiera opinar sobre física cuántica, me informaría para poder emitir una opinión. Aún más cuando el tema sobre el que estoy opinando tiene la particularidad de trastocar vidas precisamente por información mal manejada y sustentada en el prejuicio y en el estigma. El problema no radica en ser ignorantes con respecto al VIH sino con mantenerse, de manera proactiva, en la ignorancia y, además, tener la iniciativa para hablar del tema sin medir las consecuencias.

El daño a las miles de personas que viven con VIH en México y aquellas que todavía no han sido diagnosticadas, está hecho. La pregunta es, ¿qué sigue? Desde Sexcándala, Escándala y ADIL (mis tres familias), hemos decidido que ya no basta con sólo reaccionar al chisme del momento. Y, por ello, optamos por acercarnos al medio que, originalmente, sacó la nota. Tuvimos dos resultados. El primero, que un programa del mismo medio, Sale el Sol, nos abrió sus puertas y pudimos informar a su audiencia sobre VIH. El segundo que, aunque no hemos tenido una respuesta satisfactoria, seguiremos insistiendo para ir a capacitar y sensibilizar a la producción, reporteras y reporteros, conductoras y conductores, del programa que sacó la primera nota. Les informaremos sobre cualquier avance en este acercamiento. Si conoces a alguien de la producción, avísame. Cualquier contacto sirve.

Sin embargo, el mensaje que quiero dejar es claro y contundente: la ignorancia genera estigma y el estigma, mata. Por lo tanto, la ignorancia, mata. Y ya estuvo bueno. La vida de muchas personas, incluidas aquellas a quienes más quiero, se pone en riesgo cada vez que un medio, una empresa, un centro laboral o una persona, repite mensajes ignorantes que discriminan y, francamente, odian.

En Escándala lo hemos dicho hasta el cansancio. La única forma de acabar con el estigma alrededor del VIH es entendiendo que es un tema que nos compete a todas, todos y todes. Que es un tema que te es personal, aunque no lo sepas todavía. Las cosas tienen que cambiar ya. Lo que le pasó a Christian y que viven muchísimas personas todos los días, es violento, es injusto, es absurdo y no se vale. El VIH, como las otras ITS, es un tema de salud que puede enfrentar cualquier persona que haya tenido o tenga vida sexual activa. Va por ti, que me lees, porque ya estuvo bueno. Y tú ¿qué vas a hacer?